Buenas noches querido lector. Si no es de noche vuelva mas tarde a leerlo. He aqui un experimento surgido de las mismas mentes alteradas que dieron vida a "Julio A. Roca, Cazador de Lobizones". El mismo es una cosa cruda e incompleta. Al dia de hoy tengo una vaga idea de adonde va pero nada mas. Asi que sin mas, lo dejo en compañia de este embrion que hemos bautizado Holle aunque aun se esté gestando. Que lo disfrute, ya sea en tacita o cucurucho.
Memorias raudas se presentan. Tiempos pasados hacen
crujir los cimientos del presente y la sangre se enfría. Las risas se acallan…
Pensaban no volver a pensar en eso… Prometieron no volver a pensar en ello:
Aquella noche parecía igual a cualquier otra. Clásico
miércoles veraniego 2am. El tradicional sacrificio nocturno ya se había
realizado dos veces. El calor y el embole de un pueblo fantasma fueron las
causantes de la decisión que nunca debió siquiera evaluarse… La tercera es la
vencida dicta el popular dicho.
Los años nos habían llevado a desarrollar casi sin
querer a crear casi un rito, una tradición. Cada noche que salíamos a dar
vueltas sin rumbo por las escasas calles disponibles, comprábamos una caja de
jugo de fruta y al terminarla la pisábamos con el automóvil de turno a paso de
hombre, y más despacio también, para escuchar el PLOP! cuando explotaba.
Esa madrugada ya habían pasado por nuestras vidas
dos cajas de litro. Pero como éramos jóvenes e ingenuos, decidimos comprar
helado en vez de una tercera caja. Por qué no lo hicimos? Quizás el párrafo
escrito en el libro del destino destellaba esa orden, ese impulso, en ese
momento.
Luego de recorrer las pocas opciones que teníamos
logramos avistar que la última heladería estaba cerrando. Mediante imploros
logramos que no nos cerraran las persianas en la cara. Como improvisada era la
idea del helado, no teníamos idea de que gusto comprar. El primero fue
granizado, el segundo mascarpone y el tercero… Ojala hubiéramos definido los
gustos… Mientras nos servían el segundo gusto, al lado de su tacho había uno de
color negro, un helado negro.
-Que gusto es ese?- preguntó uno de nosotros pero
el heladero se hizo el desentendido…
Alcance a ver que en el tacho decía Holle.
-Ponga un poco de ese para probar.
Parecía que solo habían sacado una bocha de ese
tacho y estaba cubierto de escarcha, señal que había sido hace mucho.
-Seguro que quieren ese? Tengo 50 gustos más…
- No, ese queremos.
-Miren, la verdad, es la primera vez que lo voy a
servir. Nunca nadie lo pide, es más, nadie sabe que existe.
- ¿Y por qué tanto misterio?
- Hace unos años, escuché que el gusto está...
¿cómo decirlo? Maldito.
- ¿Maldito? ¿Un gusto de helado?
-Si, como embrujado pero no tanto.
-Como hechizado pero no tanto.
- Como…
-Bueno basta con eso.. Se entendió ¿qué es lo
que hace?
- No lo sé muy bien, pero dicen que despierta espíritus,
especies de visiones alrededor de quien lo prueba.
-¿No será helado de marihuana?
-No. Es una visión en especial la que se despierta.
Pero no estoy seguro. La visión de una mujer que falleció hace varios años.
-¿Vos me estas jodiendo? ¿Vos queres que te cague a
piñas?
- Para flaco, disculpame… llevate todo… por favor
no…
La violencia se hizo presente antes de lo esperado.
No pagamos el helado, y nos robamos el helado de Holle que quedaba.
La moto de policía nos siguió varias cuadras, nos
metimos en un garaje oscuro, apagamos las luces del auto y nos quedamos
esperando, en silencio, que pasara el policía.
Se detuvo detrás nuestro, miró hacia adentro, se
bajó de la moto, pero un llamado lo detiene y no lo deja avanzar. Se retira con
rapidez, y nosotros salimos airosos.
Nos retiramos del garaje urgidos de encontrar un
buen lugar donde escondernos ya que podían volver a revisar. Salimos rumbo al
club, paralelo al canal de desagüe. Sentimos una mezcla de miedo, adrenalina y
preocupación. Hicimos algunas cuadras en primera, sin darnos cuenta, que
estábamos detrás de aquel club que buscábamos. La calle terminaba un poco más
adelante. Luego de meter el auto entre árboles, buscamos un lugarcito donde
resguardarnos por un rato. Vimos la vieja casa abandonada y nos metimos sin
pensarlo mucho. Era de noche, todo estaba oscuro, la casa estaba abandonada
hacía varios años, era el lugar perfecto para escondernos.
El tiempo pasaba inestimable mientras sigo pensando
que nos pasó en la heladería… Porque hicimos eso, porque golpeamos y robamos a
ese pobre hombre. Lo curioso es que los recordaba como si fuera un espectador,
yo recuerdo haberlo golpeado pero no recuerdo querer golpearlo. Algunos se
durmieron, otro mensajeaba. Todo era extrañamente tranquilo, apacible. Mientras
miraba las estrellas por una ventana rota analizaba vagamente la escena frente
a mí que con un cambio de escenografía podía ser una foto de una juntada
tradicional.
Sin nada más que hacer además de esperar recordé
que teníamos el helado negro por el que tanto circo armo el heladero. Así que
fui al auto y me traje el tacho a la casa casi en ruinas. “Veamos qué tal
está…”
Grata e inesperada sorpresa fue encontrar un manojo
de cucharitas encima del tacho, seguramente en la huida alguien las agarró de
pasada. Cargue una cucharada con un poco de lo que ya había empezado a
derretirse. Cuando me lo lleve a la boca no sé si fue que me atraganté o
simplemente me dieron ganas, pero estornudé bastante fuerte.
Cuando abrí los ojos preocupado porque el ruido nos
delatara me encandilo la luz de la mañana.
El auto estaba tal cual pero estaba solo, todos se
fueron y la verdad no entendía nada, ninguna llamada, ningún mensaje, ninguna
broma nocturna, nada.
Ojala hubiera quedado en nada y no en la nada.
Continuará...