El sol seguía su viaje por el cielo mientras la charla continuaba.
-Un hombre puede pasar por penurias, emociones que apenas podemos imaginar pero esa tarde se puso ante mí el mayor reto de mi entonces corta vida. Y puedo asegurarte que sigue siendo de los momentos más fuertes que viví, aunque curiosamente el primer puesto está reservado para algo que aún no sucedió pero a lo que le dedique mi vida.
Esa tarde llegue justo a tiempo al acto y alcance a colarme, no sin llevarme conmigo algún saludo a mi madre por parte de alguna señora malhumorada.
Y en el momento que me acomodo, lo escucho. Ese conjunto de letras que formaban las únicas dos palabras que había ido a escuchar: Bárbara.
Si, era su graduación y nos habíamos empezado a ver poco antes de entrar al servicio. No le había dicho que iría porque no quería ilusionarla si no llegaba a poderme escapar del cuartel. Sin embargo algo me decía que ella sabía. Cosas de chicos viste? El acto continuó y terminó poco después. En un momento voy al baño y al salir me la encuentro frente a frente… No puedo describir aun la felicidad y emoción que emitían sus ojos, estaba iluminada. Todo era perfecto hasta que sucedió lo que más temía: detrás de ella venia su madre!.
El joven no pudo evitar la mueca de risa por el inesperado giro de la historia que además se manifestaba en la expresión del viejo académico, demostrando que aun hoy esa situación le provocaba cosas.
En esas épocas no se veía ni un atisbo de la libertad de hoy. Eran otros tiempos y cuando un novio se conocía con los padres de la chica no era para conocerse nada más, era prácticamente un compromiso definitivo.
Yo la amaba, pero no estaba preparado para enfrentarme a esa situación. No podía presentarme sin nada.
Y ahí estaba, cara a cara con quien quería como suegra pero sin que ella supiera siquiera mi nombre.
Bárbara nos presentó sin darme el título correspondiente pero era tarde, su madre Doña Sandra había visto el festival de fuegos artificiales que se presentó al encontrarnos. Era tarde, demasiado tarde.
Lo peor estaba por venir, su padre y su mostacho no tardaron en aparecer.
Todo esto sucedía sin previo aviso y lo único que tenía para contar era como me había escapado del cuartel.
Puedo jurarte que pasaron muchos años antes de que mi corazón latiera tan fuerte, de volver a tener tanto...y lamentablemente, más miedo que ese día.
La cara del profesor se ensombreció. Parecía que quería evitar decir eso, sentirlo, recordarlo.
-Se encuentra bien profesor?- Consultó el joven al ver el estado del anciano.
-Sobreviviré- respondió, con un dejo de sarcasmo pero con la convicción de hacerlo.- Se me hace tarde. Simplemente recordá que si alguna vez sentís que algo o alguien en tu vida merece que le dediques cada instante y hasta el último de tus respiros, hacelo, no me quiero arrepentir de nuevo…-
Entonces el profesor se levantó y simplemente se fue, sin decir más nada, ante la mirada estupefacta del muchacho que no entendió del todo lo que dijo pero que sintió una enorme fuerza y peso en esas últimas palabras. Sentía, sabía que tenía que hacerlo, pero no sabía porque ni cómo.
Y así, sin más… el viejo profesor Marcos desapareció para siempre de su vida.