domingo, 16 de marzo de 2014

Julio A. Roca y el enano manos de felpudo

Teresa se aburría,
su pecho peludo no aparecía,
mientras que Roca en la maleza se perdía.
El seria quien el bochín arrimaría.



Bostezaba la blonda,
cuando la puerta tocaron.
Su lobisón se había retrasado
y sus deberes había resignado.



Desganada se levantó,
rezongando por el atraso.
Pero cuando abrió nada a su altura vio.
Un petiso con cinto de carne fue quien toco!



Su pecho no tenía ni un pelo,
pero sus manos parecían felpudos.
poco le importo a Teresa ese detalle,
cuando reconoció al petiso tripudo.



Roca vio abrirse la puerta de teresa,
aunque apenas se notó.
El cazador se apuró,
porque boleto para esa calesita no sacó.



Al llegar a la ventana se asomó.
No lo pudo creer cuando lo vio,
el petizo a Teresa le ganó
y la puerta volteó.



“Salite de encima bicho asqueroso!”
le gritó Argentino,
quien lo conocía de otro pago
a ese Kurupi superdotado.



El Kurupi pegó un salto
y en tres puntos quedo apoyado.
“Llegas tarde Julito”
al tiempo que lo apuntaba con su falo.



El General no tardo en desenvainar
y la lucha se entabló,
espadachín contra lancero.
En eso, Teresa habló.



“No se peleen muchachos,
tengo para los dos.”
Estupefactos los rivales quedaron.
La espada bajo y el pingo flaqueó.



Pero Roca nunca lo aceptó,
y en la distracción al petizo acogotó.
Un General no comparte la cena,
menos con alguien con mejor mesa.



El Kurupi no se sometió,
y usando su miembro lo lazó!
Ambos se asfixiaban
pero por Teresa no aflojaban.



Cansada del desorden,
la doña de casa los separó.
Un sartenaso a cada uno
y la pelea terminó.



Al rato Argentino despertó
y la mesa servida encontró.
“Tanto lio por una torta de chicharrón!”
mientras el Kurupi se daba un atrancón.



El atontado cazador entendió la situación,
Kurupi le ayudaba a escurrir el chicharrón.
“Pense que venias mañana!” protestó Teresa
mientras el petizo comía hasta la mesa.



La pena embargo a nuestro héroe
y casi sin mediar palabra se marchó.
No sin antes en una servilleta poner
un cacho de torta de chicharrón.



Se cuenta que el Lobisón no volvió.
Sin embargo Teresa no entristeció,
tenía a su amigo que cada siesta,
le amasaba el chicharrón.


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