A pesar de la espesa atmósfera que apenas dejaba respirar pudo ver una luz púrpura que parecía palpitar al tiempo que crecía. No era la primera vez que veía ese resplandor y no era la primera vez que sentía como el pecho se le encogía de angustia.
La fuente de esa luz no era otra que Ninie, la poderosa maga al servicio del rey. La mística había jurado su lealtad al monarca y lo protegía con una fuerza tal que no podía ser sólo lealtad.
Esa luz púrpura era uno de sus conjuros mas poderosos y mas difíciles, ya que solo puede lograrse cuando se desea proteger a alguien. No es un escudo, todo lo contrario, es un ataque feroz, ciego, casi despiadado. Se dice que proyecta las ansias de proteger a alguien y condensa la energía al punto de generar un proyectil sólido que al impactar genera un daño casi imparable. Pocas cosas podían resistirlo, y la mayoría, a pesar de resistirlo, no podían evitar quedar gravemente dañados.
Mientras él luchaba contra los esbirros con su pesada armadura, lanza y escudo, no podía dejar de observarla, a pesar de que ella tenia la fuerza suficiente para valerse por si misma. De pronto otra luz se empezó a iluminar el campo de batalla. Provenía de lo que había logrado tapar el sol con ceniza que generada desde sus interiores. Galrog, ultimo dragón descendiente de Ancalagon, se erguía por sobre todos y era claro que en su interior se estaba gestando un Sol Azul, una bola de fuego color cielo debido a su extrema temperatura que podía derretir cualquier muralla.
Pocas cosas podían soportar el proyectil que preparaba Ninie, solo dos podían detenerlo. Un Sol Azul podía hacerlo, aunque la energía liberada por la colisión era materia de leyendas. Pero eso no importó cuando cayo en la cuenta de que el mito sucedería a escasos metros de él.
Corrió como si estuviera desnudo, sus huesos crujían ante el esfuerzo de sostener el peso de su armadura y hacerla saltar sobre los cadáveres. Él sabía que si las leyendas eran ciertas, no podría soportar el impacto del Misil Púrpura con el Sol Azul, pero que si era solo el ataque del dragón, su escudo tendría una oportunidad, solo esperaba que Ninie lo supiera.
Llegó y se colocó frente a la maga, la miró por dentro de su casco y con la mano le hizo una seña para que esperara a después del impacto del orbe que engendraba Galrog para lanzar su ataque, al tiempo que clavaba su lanza en el suelo para usarla de anclaje. Cuando el ser abisal abrió sus fauces, la estrella palideció ante el brillo de ese astro momentáneo. Él solo se aferró y preparó su cuerpo para lo que podía ser su ultima defensa. Sin embargo se tomó un momento para girar a ver de nuevo a esa dama de túnica rosa oscuro para guiñarle el ojo en señal de que todo iba a estar bien. Luego cerró los ojos para que esa fuera la imagen que lo acompañara al otro mundo y esperó el impacto.
La presión fue inmensa, pero mas aún lo fue el calor.
Lo siguiente que vio fue la toalla húmeda que tenia sobre los ojos en la enfermería. Cuando pudo hablar pidió que le contaran que había pasado.
Galrog fue perforado por el misil y había caído. Ninie estaba perfectamente gracias a que él había cubierto la envestida del Sol Azul. También le contaron que su armadura tuvo que ser cortada en varias partes porque se derritió y formó una sola pieza. Cuando la batalla terminó, lo encontraron ahí, desmayado dentro de su armadura sosteniendo lo que había quedado de su escudo, concebido para detener el aliento de un dragón.
Ninie lo fue a ver y le agradeció por ayudarla a proteger al rey, sin saber que a él poco le importaba ese muchacho mimado. Quizás la maga nunca generase un Misil Púrpura por él, pero eso no importaba, él era un escudo, solo podía proteger. Su deber era recibir el daño dirigido a sus seres queridos. Nunca daría un golpe final, nunca sería un héroe, siempre seria una sombra, siempre sería entorno en los cuadros de grandes batallas, pero no importaba, porque él era un protector.
Se levantó, se calzó su nueva armadura y salió una vez más a cumplir su juramento con una sonrisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario