sábado, 31 de octubre de 2015

El dilema del hipopótamo

Uno de los 10 consejos que conforman el decálogo del perfecto cuentista dicta lo siguiente:


III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.


Si a eso le sumamos las palabras de Borges:


Sólo existen cuatro historias.


Podría decir que estamos condenado a la repetición. Si sabré de repeticiones, ataviado lector.
Hace poco, viajando de vuelta a mi casa, despues de votar, me encuentro que el chofer tenía un dichoso DVD made in <inserte garage> comprado en alguna mantita o estación de servicio. Como el viaje partía en el infame horario de las 22hs uno aborda el micro mal comido o sin cenar, y es demasiado temprano para dormir pero como apagan las luces tampoco se puede leer. La única esperanza era la película de turno.


Apenas arrancó, los monitores rompieron la penumbra con estruendosos azules para dieron lugar a una película que me causó sospechas desde que vi la productora. Ésta buena gente se encarga siempre de películas de bajo presupuesto, de las cuales me declaro seguidor. Son producciones donde la mayor parte del presupuesto se gasta en el catering y movilidad, no por excentricidad, sino porque tampoco da para mucho más.


Ahora, el hecho y motor de estas líneas, es que seguido a ese, arrancó otro film, esta vez con mucho presupuesto, mucho chroma, un actor musculoso y caras conocidas. Lo que unía a ambas era el argumento. Si, eran el mismo guión plasmado con diferente cantidad de comas, a saber:
  • Papá vuela en helicóptero.
  • Alguien logra predecir terremotos.
  • Predicen el más grande de la historia.
  • Hija está en la ciudad donde afecta el terremoto.
  • Mamá y papá van a buscarla.


Salvando, claro, algunos cambios de trasfondo, ya que la hollywoodense buscaba un bombardeo de emociones e impacto visual mientras la otra tenía su punto alto en un hipopótamo en CGI superpuesto que topaba un auto que nunca se abollaba.


Como juez que me sentí, busque fieramente ambas producciones para ver quien le robó a quien. Se estrenaron con UNA semana de diferencia, al diablo mi toga y la balancita.
¿Está mal esto? ¿Es demonizable aquel que toma algo y lo recicla? ¿Es un ser digno de tortura quien busca éxito con un “remake”, “homenaje” o “versión personal”?. Ojo, no estoy minimizando a ninguna de las dos, pero el jurado popular parece gritar siempre:


“Lo que importa es que sea original”


Tenemos que ser cuidadosos, si bien ejemplifico con cine, no es por algo especial sino por hablar de algo que le sea conocido al grueso de los que lean. La precaución debe tomarse porque puede que la idea correcta puede ser tomada en primeras nupcias por la persona incorrecta. Lastimosamente sobran ejemplos que me contrarían, pero por suerte existe Avengers y el Hulk de Mark Ruffalo, que demuestra que a veces un par de divorcios aclaran la mente. Por otro lado tenemos producciones que parten de una premisa similar y luego se van cada cual a un trigal distinto, no me digan que no vieron una historia donde una persona pierde la memoria y todo transcurre mientras recupera su pasado. Algunos salen muy bien y tenemos “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” y otra veces, sale “Buscando a Nemo”.


No se a ustedes, pero las dos versiones de Terremoto en San Andreas me gustaron y fui feliz hasta que el colectivero corto la película. Y dejo de escribir para revisar si salió algo nuevo donde lleguen aliens y transmitan su mensaje a televisores terrestres sin importar si usan señal analógica, digital o si son PAL o NTCS. Después de ser de las pocas cosas interesantes en The Man of Steel, no pierdo la esperanza que la productora Asylum lo tenga en cuenta.

viernes, 30 de octubre de 2015

Gracias Denzel Washington

Estaba viendo una película, creo que la última, de Denzel Washington. Al ratito me doy cuenta que es igual a Hombre en Llamas. Cambiemos hija secuestrada por joven prostituta golpeada. Mismo actor, mismo papel, guión repasado.



Nos gusta ver versiones alternativas o universos paralelos, decimos que“están explotando el universo”. Si no pertenece a la misma franquicia, “son todas iguales, no se les cae una idea”. Somos una raza detestable.

Éstas películas, como los ex-presidentes, nadie los votó, pero cuando haces zapping como un mono que recién descubrió sus pulgares opuestos, entre Denzel Washington siendo un tipo implacable y solemne, y alguna película europea que se supone explora los confines del ser, y seguro que se ve una teta, dejas al negro pelado. ¿Porque? ¿Somos idiotas? ¿Adoramos perder tiempo? ¿Tenemos miedo a lo nuevo? Si, si y si, en ese orden.

Es tal la necesidad de aferrarnos a nuestra zona de confort que seguimos recurriendo a las mismas fórmulas. Einstein dijo: si querés resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Que vago que era. Una de las grandes mentes que caminaron por la Tierra nos dice que mientras no hagamos nada nuevo, todo va a estar bien. Nos aferramos a lo que nos hizo feliz de chicos, porque los chicos y los borrachos no mienten. Por eso el zapping se detiene en Stallone, Marilyn Monroe, Michael Landon o Lola Bunny.

No veo prueba más clara que el cine hoy, lleno de palabrillaje (palabras-maquillaje) como “remake” y “reboot”. No olvidemos, por favor, a los adorados superhéroes basados en comics de hace 50 años.
¿Porque creen que ahora se viene toda esta ola? Por la misma razón que usted, fugaz lector, lee estas líneas: CONECTIVIDAD. Antes los productores no sabían qué hacer para que la gente fuera al cine y pensaban guiones que engancharan. Ahora ya saben que los hombres amamos los superhéroes excéntricos y poderosos, y que las mujeres aman a los que tienen corazón blandito y trajes ajustados. Y ni hablar de un parque de atracciones que reabrió cambiando el “Park” por "World”. ¿Es un autorobo? Si. ¿Ya sabemos el 50% de la historia? Si. ¿Nos quejamos después de verla? Por supuesto, incluso vamos armando la queja desde que vemos el trailer seis mese antes. Resultado de esa fórmula recauchutada: récord de taquilla.

Aferrarse a estas cosas está perfecto, es mejor que andar con 50 años siguiendo grupos de música que podrían ser tus hijos, a los que obviamente jamás permitirías seguir esa carrera. Pero a no rezongar luego queriendo defender los Transformers de los 80’ ante las versiones con esteroides de hoy, porque el único culpable de que existan fue usted, señor nostálgico. Michael Bay y sus explosiones tan verosímiles como la de los Power Ranger solo fueron verdugos a la orden de quienes pedían a Optimus en un cine IMAX.

No cerremos la cabeza a las experiencias que nos ofrece ésta era. Si te gustará o no, no sé, el no ya lo tenés en el bolsillo. Para nuestros momentos de relax, siempre tenemos a Denzel Washington.