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viernes, 13 de abril de 2018

Cincel

Las ciudades tienen sus ruidos, su caos y sus pisoteos constantes, en ese contrario habitat suele lograr crecer algun yuyo distinto.
No es una flor en el barro ni una plaga en un rosedal, porque tanto en el caos de cemento como en la intrascendencia del campo se puede encontrar la belleza.
Sólo es distinto. Especial, no por ello mejor.

Esto viene a colación de una anécdota que traje de un viaje al norte, en realidad no tan al norte, fue en la capital de Santiago del Estero.
Volviendo de una presentación de regular a mediocre, me detuve en una esquina de camino al auto y me quedé viendo una estatua. Era de un hombre, en una postura natural, no sería relevante de o ser por ese aire de vida que emanaba, era casi intimidante sentir que una figura de piedra emita la sensacion de poderse mover en cualquier momento.
Un barrendero parece que notó mi estupor, seguramente no era el primero.

-¿Es curioso no? Esa estatua tiene toda una historia, pero casi está olvidada por acá.

- Es increíble, parece que se mueve.

- Si, y si te fijas en la base te vas a dar cuenta que no la trajeron, esa piedra modelada que mirás estuvo acá desde siempre, desde antes que esta ciudad seguramente. Un día una persona empezó a trabajarla de la nada, era un escultor de la zona, conocido localmente.
al principio nadie sabía que iba a hacer porque primero tenía que desbastar la piedra para asemejar su forma para después detallarla.

-Parece que conoce la historia bastante, señor…

-Si, trato de hacerla conocer para que no sea del todo olvidado. Como le decía, Santiago no es tan grande y la gente que pasa por acá es en su mayoría siempre la misma, entonces veían el progreso dia a dia. Pero lo que les llamó la atención fue que cuando empezó a tallar la cara, vió que todos los sentidos están concentrados en la cara, ojos, nariz, boca, un poco atrás los oídos y por supuesto la piel, la cuna del rostro.

-Nunca lo habia pensado de esa manera la verdad.

-Las personas somos arcillas, nos formamos por las fuerzas externas, algunas arcillas se mojan, escurren más, otras se hornean poco, otras mucho, otras se humedecen de menos, en fin. El empezó por la cara, por donde entra la vida, por donde se comunica el cuerpo, ya que pensaba que de esa manera el resto se daría de forma más armoniosa con el entorno.

- Parece que fué uno de los que seguían ese progreso a diario, supongo que con su trabajo era una buena distracción.

El barrendero asintió con la cabeza cubierta por la gorra que formaba parte de su uniforme y de paso lo salvaba de morir de cáncer de piel.

-Como le decía la gente medio que se decepcionó cuando vió que la escultura era de él mismo, una persona común, que ni siquiera tenía una gran presencia como para inmortalizar. Les pareció casi un agravio que usara un lugar publico para una obra tan egocentrica, y lo que mas les molestaba es lo que a usted de asombra, la calidad del trabajo. se decía que el egocentrismo de ese artista era infinito y por el amor que se tenía, se podía plasmar tan perfectamente.

- La verdad que ahora que me lo dice, tiene sentido que la gente se molestara, pero por lo visto lo dejaron seguir.

-Tenía un permiso oficial por un concurso que ganó, donde basicamente se ganó la roca.

-Tambien parece que usted no era de los que le molestaba porque quiere repartir la historia.

-El arte no es para las masas, es para el propio artista, que en su humildad, la comparte con los demás. Una canción, una pintura, esta escultura, es un acto de amor, a otra persona, a una nación, a la tierra de uno, incluso a uno mismo. Es algo tan intimo que lo puede hacer sufrir al artista, como en este caso.

-La verdad que no lo entiendo… Perdón.

En realidad habia perdido un poco el hilo…

-Despreocupese, todos nacemos con un don, que si descubrimos a tiempo y explotamos, podemos cambiar el mundo, cada uno desde su propio y personal lugar.

-¿Y cual fue la desgracia? o lo que hizo sufrir al artista.

A esta altura ya no confiaba mucho en el barrendero, empezaba a pasarse al terreno del charlatan compulsivo.

-Si se fija con atención, el pié izquierdo es distinto al derecho, la textura es distinta.

-La verdad que no lo noto.

- Es normal, es dificil de ver. eso pasó porque despues de un mes de trabajo, cuando estaba terminando, se le partió el cincel, simplemente se rompió. Entonces tuvo que cambiar de herramienta, que es como cambiar de un tango a un flamenco sin previo aviso, no se puede esconder el cambio y el tiempo que toma acostumbrarse al nuevo ritmo. terminó la escultura con ese ultimo cincel, cuando sacaron la foto del ultimo martillazo, en la foto salió la herramienta nueva, robando escena, pero sabía que quien permitió su mayor obra, la mejor versión de sí mismo, fué el cincel que simplemente se cansó, o quizá en su afan y emoción por lo que estaba logrando se preocupó más por su escultura que por su herramienta. Vaya uno a saber.

- Wow, es increible lo que me cuenta, nunca tuve un ojo muy artistico, asi que lamentablemete lo que imagino capaz se queda corto.

-Todos somos artistas hasta que perdemos nuestra herramienta, no hay herramienta mala de por sí, pero siempre se encuentra una que es diferente, que deja fluir alma.

-...

-Supongo que esta vereda no se va a terminar de barrer sola jeje

-Parece que viene viento, nadie se va a dar cuenta jaja

-Yo sí lo voy a saber, aunque los demás no lo noten.

Sonrió.

Miré mi reloj, venía retrasado para el viaje de vuelta. Saludé y me fui, lamento no haberle preguntado el nombre.

Todo el viaje me tuvo pensando ese encuentro. La verdad que yo no noté lo del pie izquierdo.

lunes, 23 de mayo de 2016

Pequeña historia de pequeñas cosas.

Una buena tarde, creo, caminando por la calle Estrada algo le llamó la atención, una ausencia lo alertó. Miró hacia la izquierda y vió la panadería Del Pilar apagada, cerrada. Siguió camino sin darle mucha importancia.
Volviendo a casa por la misma calle pero por vereda opuesta pasó exactamente frente a la panadería, suficientemente cerca como para ver el cartel de CLAUSURA PREVENTIVA. Hace años que no compraba ahí, no tenía ni idea que tan rico o crudo sería lo que hacen, no conoce a nadie que trabaje ahí. Sin embargo le impactó bastante porque ese lugar, que abría normalmente 24hs, antaño sirvió de repostaje de criollitos en las trasnoches con un amigo que vivía cerca. La panadería no era especial para nada, pero hacía las veces de anclaje de muchísimos pequeños recuerdos, risas y demás estupideces de juventud, recuerdos que no sabía que tenía guardados.
Siguió caminando hacia su casa haciendo recuento de esos pequeños momentos comunes que acababa de recuperar. Pero, ya entrando a su edificio, apareció una preocupación: si esa panadería desaparecía, ¿cual sería el anclaje de esos recuerdos?.
Cenó con cierta incomodidad y luego se acostó.

Los sueños empiezan cuando nuestro día termina, y finalizan cuando vuelve a comenzar.

Desayunó pensando en ese sueño, y en lo que significaba. Le preocupaba porque no era la primera vez. En el pasado, el cierre de una rotisería le había quitado la referencia de miles de charlas con otro amigo. Hoy pasaba por la vereda y tenía que recordar dónde estaba Salsitas, para luego recordar las charlas, y con el tiempo recordaba menos, las más trascendentes, si, pero aquellas que se habían perdido también eran suyas.
Una ser humano está formada células, una persona está formada de momentos. Esos recuerdos nos enseñan a ser felices, a tener miedo, a ser cuidadosos o arriesgados. Pero así como un cuerpo necesita sus órganos, también necesita tener piel, pelos, uñas. Estas cosas que en apariencia serían prescindibles están por una razón y no suelen tener valor hasta que nos hacen falta.

A media mañana buscó una excusa muy mala y salió caminando. Las tres cuadras que caminó fueron raras, hasta que vió el resplandor de la panadería. Llegó en frente, la miró un poco y se volvió a casa. Sabía que no volvería a reírse con esos recuerdos por un buen tiempo, pero al mismo tiempo sabía que aún estaban ahí y seguirán estando.
Fue como enterrar un tesoro, no podría gastar ese oro, pero enterrado donde estaba nadie podía tocarlo y esa panadería seguiría siendo la llave del cofre.

sábado, 2 de abril de 2016

13 minutos

Un bocinazo lo alertó de su propia existencia. Según él, por primera vez era él. Por suerte la vereda estaba cerca así que no pasó de un susto que funcionó de chirlo post-parto.


En casos donde alguien se pierde, se desorienta a nivel psíquico, algún conocido lo ayuda a encaminarse, pero en Colón al 5000 nadie parecía percatarse de su existencia.
Cuando uno está, además de perdido, solo, intenta buscar alguna pista mental. Lamentablemente eso no era una opción, ya que literalmente no sabía nada, aunque recordaba muchas cosas su alrededor, era como leer una enciclopedia, información fría y sin ninguna relación con él.
Plan B: bolsillos. Un manojo de billetes, parecía ser cambio de la compra que llevaba en la mano izquierda. Arroz, pan y sobres de jugo.
Curiosamente no sintió la necesidad de verse en un espejo, sabe quien es, pero apenas se conoce de vista.
No sabe si va, viene, o espera. La única pista es que por alguna razón estaba tratando de cruzar la calle. Al pasear la vista ve que a unos metros sobre el asfalto hay un juego de llave justo frente a sí mismo, por lo que a falta de algo mejor que hacer, va a buscarlas. Este simple acto lo lleva a un descubrimiento, la primer noción sobre su persona: es un despistado total para cruzar la calle.
El chillido del taxi frenando lo alerta a tiempo y corre hacia adelante buscando el centro de la calle, sin recordar, o mejor dicho, sin estar consciente de la existencia del tabique que separa ambas manos de circulación. El tropiezo lo lanza frente a un flete, que como es tradición, no tiene frenos y viene a lo que puede.


Históricamente se cree que al momento de la muerte, nuestra vida pasa frente a nuestros ojos, en su caso sería fácil, pues él vivió 13 minutos. Pensándolo bien, pudo esperar un minuto más para buscar las llaves.
También se cree que cuando cumplimos nuestra tarea en la tierra, el creador nos llama para ir a su lado. ¿Era posible que fuera tan eficiente de cumplir su labor en 13 minutos? ¿su razón de existir fue solo demostrar que ese flete no tenía frenos?. Lo cierto es que vió la luz, más específicamente el farol de la camioneta que se acercaba hasta que todo se volvió oscuridad.


Un poderoso dolor de cabeza volvió a encender su conciencia, al tiempo que una tenue luz lo iluminaba desde arriba. La pantalla encendida del celular de su novia alcanzó a mostrar suficiente para que se diese cuenta que estaba en el piso de la pieza y que en su camino desde la cama había tirado todo arriba de la mesita luz, incluyendo la mesita de luz.


En esos 13 minutos oníricos, hasta el inevitable final, no pensó en la razón de su existencia, simplemente se buscó a sí mismo y por eso fue un sueño y pesadilla a la vez. La vida basa su belleza en que es efímera, y su horror en que es un misterio. Buscarle sentido es desperdiciarla, más vale usarla tanto que no quede tiempo para buscarle sentido. Tal vez es la única pregunta que no importa contestar.


Ella entre dormida le pregunta si está bien, él se toca el chichón y le dice que se preocupe por el velador.

sábado, 1 de agosto de 2015

Sol Azul

El cielo se oscurecía a raíz de las cenizas. Era difícil ver a mas de cinco metros de uno, más aún con la complicación de tener un casco  que protegía tanto como limitaba su visión.
A pesar de la espesa atmósfera que apenas dejaba respirar pudo ver una luz púrpura que parecía palpitar al tiempo que crecía. No era la primera vez que veía ese resplandor y no era la primera vez que sentía como el pecho se le encogía de angustia.
La fuente de esa luz no era otra que Ninie, la poderosa maga al servicio del rey. La mística había jurado su lealtad al monarca y lo protegía con una fuerza tal que no podía ser sólo lealtad.
Esa luz púrpura era uno de sus conjuros mas poderosos y mas difíciles, ya que solo puede lograrse cuando se desea proteger a alguien. No es un escudo, todo lo contrario, es un ataque feroz, ciego, casi despiadado. Se dice que proyecta las ansias de proteger a alguien y condensa la energía al punto de generar un proyectil sólido que al impactar genera un daño casi imparable. Pocas cosas podían resistirlo, y la mayoría, a pesar de resistirlo, no podían evitar quedar gravemente dañados.
Mientras él luchaba contra los esbirros con su pesada armadura, lanza y escudo, no podía dejar de observarla, a pesar de que ella tenia la fuerza suficiente para valerse por si misma. De pronto otra luz se empezó a iluminar el campo de batalla. Provenía de lo que había logrado tapar el sol con ceniza que generada desde sus interiores. Galrog, ultimo dragón descendiente de Ancalagon, se erguía por sobre todos y era claro que en su interior se estaba gestando un Sol Azul, una bola de fuego color cielo debido a su extrema temperatura que podía derretir cualquier muralla.
Pocas cosas podían soportar el proyectil que preparaba Ninie, solo dos podían detenerlo. Un Sol Azul podía hacerlo, aunque la energía liberada por la colisión era materia de leyendas. Pero eso no importó cuando cayo en la cuenta de que el mito sucedería a escasos metros de él.
Corrió como si estuviera desnudo, sus huesos crujían ante el esfuerzo de sostener el peso de su armadura y hacerla saltar sobre los cadáveres. Él sabía que si las leyendas eran ciertas, no podría soportar el impacto del Misil Púrpura con el Sol Azul, pero que si era solo el ataque del dragón, su escudo tendría una oportunidad, solo esperaba que Ninie lo supiera.
Llegó y se colocó frente a la maga, la miró por dentro de su casco y con la mano le hizo una seña para que esperara a después del impacto del orbe que engendraba Galrog para lanzar su ataque, al tiempo que clavaba su lanza en el suelo para usarla de anclaje. Cuando el ser abisal abrió sus fauces, la estrella palideció ante el brillo de ese astro momentáneo. Él solo se aferró y preparó su cuerpo para lo que podía ser su ultima defensa. Sin embargo se tomó un momento para girar a ver de nuevo a esa dama de túnica rosa oscuro para guiñarle el ojo en señal de que todo iba a estar bien. Luego cerró los ojos para que esa fuera la imagen que lo acompañara al otro mundo y esperó el impacto.
La presión fue inmensa, pero mas aún lo fue el calor.

Lo siguiente que vio fue la toalla húmeda que tenia sobre los ojos en la enfermería. Cuando pudo hablar pidió que le contaran que había pasado.
Galrog fue perforado por el misil y había caído. Ninie estaba perfectamente gracias a que él había cubierto la envestida del Sol Azul. También le contaron que su armadura tuvo que ser cortada en varias partes porque se derritió y formó una sola pieza. Cuando la batalla terminó, lo encontraron ahí, desmayado dentro de su armadura sosteniendo lo que había quedado de su escudo, concebido para detener el aliento de un dragón.

Ninie lo fue a ver y le agradeció por ayudarla a proteger al rey, sin saber que a él poco le importaba ese muchacho mimado. Quizás la maga nunca generase un Misil Púrpura por él, pero eso no importaba, él era un escudo, solo podía proteger. Su deber era recibir el daño dirigido a sus seres queridos. Nunca daría un golpe final, nunca sería un héroe, siempre seria una sombra, siempre sería entorno en los cuadros de grandes batallas, pero no importaba, porque él era un protector.

Se levantó, se calzó su nueva armadura y salió una vez más a cumplir su juramento con una sonrisa.

domingo, 19 de julio de 2015

Guardianes de la Atlántida

Él estaba camiando en el monte buscando lo que le habían robado. No podía entender como pudo pasar pero el trabajo de su vida se había desvanecido mientras el dormía.

Habían pasado ya unos meses del hecho. El venía en un barco desde la polinesia y junto transportaba una caja que suponía tenía las respuestas que busco toda su vida: la ubicación de la Atlántida. Pero una noche durante el viaje, sin que nadie se diera cuenta, alguien se la llevó. No sabía como ni cuando ni quien pero sabia que tenia que recuperarlo.

Sin embargo sus búsquedas fueron infructuosas a pesar de que revisó todas las pistas e indicios que pudo. No había rastros tampoco en el mercado negro, simplemente desapareció. Se lamentaba no haber podido revisar siquiera el contenido ya que por miedo y precaución prefirió estudiar bien el contenedor en un lugar apropiado, después de todo esperó mucho por eso y supuso que podía esperar unos días mas. Grave error.

Al tiempo, ya resignado a la perdida, volvió sólo al lugar de donde había sacado la caja en búsqueda de algún dato que no hubiese visto antes. Y ahí estaba, en el último lugar que pensó buscar, y donde realmente jamás busco. La caja cerrada e intacta estaba ahí. Quien la llevo será un misterio. Pero él creyó entender la razón, era una segunda oportunidad de hacer lo correcto y que quizá no se la robaron sino que la recuperaron de él, que sí se la robo de su lugar de resguardo.

La Atlántida no estaba perdida, estaba escondida y no quería ser encontrada. ¿Porque? Otro misterio tan grande como la ciudad de la leyenda. Su legado es su mito. Quien devolvió la caja, sabia donde estuvo siempre y decidió resguardar todo como siempre estuvo y como no debió dejar de estarlo.

Como no tiene sentido buscar algo que no no quiere ser encontrado, dio media vuelta y se fué. Con él se llevó la ubicación y el secreto de ese lugar. Pensó en esconder en otro lado la caja, pero entendió que no tenía derecho.

Mató su propio sueño para no asesinar sus convicciones y las de los guardianes de la Atlántida.

Por la mañana despertó con una paz que no recordaba haber tenido nunca, sonrió y se levantó a desayunar.

domingo, 28 de junio de 2015

Siesta en el octágono

Él suele tener sueños raros. Una vez incluso el mundo se partió. Pero esta vez nadie muere, por lo menos nadie que reconozca.
La escena no es muy especial pero si te cuento que era la quinta vez que aparecía entonces cobra relevancia la cosa.
Una jaula de artes marciales mixtas. Dentro de la misma, dos personas más o menos similares. Estaba muy oscuro como para decir algo más que eso.
Realmente se golpeaban con todo lo que tenían, valía literalmente todo. Cada vez que lo soñaba la pelea duraba más. La tercera noche uno se dio la cabeza contra el alambrado y su ojo empezó a derramar algo que imaginó, sería sangre. En la cuarta, tras una mala caída y una buena llave, él descubre que un codo puede girar en nuevas direcciones.
Aunque cada noche el duelo duraba más, siempre era otra pelea. No era la continuación. Con el tiempo se empezó a preguntar qué pasaba con las peleas inconclusas. Después de todo era el único espectador. Luego de una semana empezó a notar que cada vez había un poco más de claridad y podía ver algunos detalles.
Uno de los contendientes tenía pantalones azules mientras el otro los tenía rojo.
Es muy raro ser consciente de lo que pasa en un sueño y más aún serlo repetidamente. Él decido aprovechar y disfrutar este espectáculo exclusivo, cortesía de su mente. De más no estaba relajarse y descansar a la vez, ya que andaba loco por encontrarle rumbo a su vida.
Empezó a prestar atención a los detalles de cada peleador para ver que bando elegir.
El de rojo era agresivo, pero un tanto inconsistente, parecía intuitivo y sin estrategia. En sus gruñidos se notaba lo extasiado que estaba y sus continuos ataques denotaban que desbordaba energía. Quería ganar pero a la vez disfrutaba la batalla.
El de azul era distinto, más pausado, pero más contundente. Se notaba el daño que hacía cada ataque. Sus ataques eran quirúrgicos. Parecía más profesional y preparado, a pesar de no mostrar mucho entusiasmo en la pelea. Era como una receta para la victoria y estaba cocinando su mejor plato.
De buenas a primeras, optó por apoyar al de rojo, era más vistoso, ambicioso. Alguien que tomaba lo que quería. Aunque, no estaba claro qué era lo que quería, ganar, pelear, dejar desmayado al oponente, hacerlo sufrir, no estaba claro. Era un show verlo, eso era indiscutible.
Fue entonces cuando el de azul pareció cobrar relevancia, estaba claro que quería ganar y tenía un plan para ello, una preparación. Aunque sus movimientos carecían de gracia a pesar de su eficacia. No había pasión en su mirada pero si había que apostar la casa, parecía mas prometedor.
Una buena noche, cuando ya se había hecho aficionado a ese deporte privado con técnicas que jamás vieron ni verán otras personas reales, sucedió algo extraño. El de rojo cae cerca de donde estaba él. Entonces sus ojos, uno morado, lo enfocan y le pide ayuda. A él, al soñador, al amo y señor de ese mundo onírico. Nunca había tenido ninguna interacción con el resto del sueño y de pronto los luchadores empezaron a comunicarse con él. Nunca hacia caso a eso hasta que la octava noche el de azul le gritó:
-¿Quieres que esto siga por siempre o no es suficiente para vos todavía?.-
-¿Que tengo que ver yo?.- respondió intuitivamente.
-Esta pelea estúpida me esta hartando ya. Ya deberías haberlo pensado no?.- replicó el cocinero del octágono.
-Realmente esto no está tan mal, pero incluso yo me estoy quedando sin motivación.- Habló el de rojo.
En este punto él no entendía qué estaba pasando y de pronto despertó. Estaba confuso y preocupado, pero no sabía bien porque. Así como tampoco recordaba porque estaba durmiendo en el sillón.
Se levantó, se estiró, sintió esa horrible sensación que muchos llaman hormigueo por la mitad de los músculos de su cuerpo, rezongó, fue al baño y se lavó la cara.
Al mirarse en el espejo, con la cara tatuada con los pliegues del sillón, entendió que tenía que decidir entre seguir encarando cada curva sin mirar y tentar a la suerte para llegar a la meta cuanto antes, o parar un poco, frenar en la banquina y observar la ruta, para tener un viaje con menos roturas, cuidando la máquina.
Esa noche, el boxeador de azul y él salieron a entrenar. La pelea había terminado.

martes, 16 de junio de 2015

3:06 A.M.



Él le contaba el final de una historia inventada a su hijita, tenía 3 añitos y era una de tantas noches que esperaba a que sus ojos se cerraban ya que solo ahí sentía que el Sol se ponía, que su día terminaba. A sus espaldas roncaba su otro retoño, más crecido, que se había dormido antes porque había llegado cansado después del jardín.

Con el deber cumplido se levanta, sale de la pieza, deja la puerta entreabierta, la luz del pasillo prendida y se dirige al baño antes de irse a dormir. En la cama lo esperaba durmiendo su esposa, la culpable junto con sus hijos de su sueño corto. Ya que cuando se casó se hizo una promesa a sí mismo: no quería arrepentirse de no admirar la serenidad de su gran amor durmiendo ni la ternura de su despertar. La promesa creció con cada nacimiento aunque a veces se lamentaba cuando debía salir más temprano que ella y no podía verla despertar. 

Camino al baño siente que se tambalea, piensa que es el sueño, el cansancio, se sujeta de una puerta. Pero siente una oscilación aún mayor. Al final del pasillo, ya en su habitación, desde la puerta se veía una cómoda y observó con estrépito como el soporte de los collares de su esposa se empieza a mover.
Evaluó la situación y pensó mejor ir a ver a sus hijos, porque no parecía un temblor fuerte. Al darse vuelta sintió un frío a sus espaldas y seguido a eso un estruendo. Volteó para ver como la cama con su compañera en la vida se hundía en la tierra partida. Corrió a socorrerla pero la tierra abrió un hueco que sabía que no podía saltar y al levantar la mirada del abismo, el techo de su habitación sellaba lo que parecía una tumba de concreto para su amada. 

Sus ojos parecían querer escapar, querer explotar, cualquier cosa hubiera sido mejor que ver eso.
Pero de pronto siente un golpe en el pecho, como un empujón que lo hace entrar en razón. Sus hijos.
En la habitación no parecía haber sucedido nada, pero igual grita ¡Benjamín! ¡Benjamín! buscando que su hijo se despierte mientras se apresura a cargar a Cloe. 

Los toma a ambos en brazos cuando siente que el pasillo empieza a desaparecer. La ventana está enrejada. La única salida se viene desmoronando en dirección a ellos, deja a sus retoños dentro del ropero y comienza a golpear y a hacer palanca con todo lo que encuentra para abrir un poco, al menos, las rejas.

Todo cruje, todo se empieza a retorcer, el piso se deforma, sus hijos lloran, gritan, tienen miedo. Él no puede hacer nada. La impotencia lo embarga cuando ve lo peor que podía pasar, si bien su miedo era el techo, ahora es la pared sobre la que se apoya el ropero. Cede y se precipita sobre su sangre, su descendencia. 

Alcanza a sacar a la pequeña Cloe mientras ve horrorizado como las maderas cubren a su hijo mayor, aquel al que le estaba enseñando a andar en bici para poder, poco después, subirlo a una motito. 

Se aleja contra la ventana pero el piso le juega una mala pasada y cae. Ahora en lugar de abrirse una grieta, lo único que queda es un cordón, de un lado, colgaba él, y del otro su hijita, a la que tenía tomada de la mano con tanta fuerza que temía lastimarla. Buscaba de dónde agarrarse para trepar, pero en ese instante uno de los últimos pedazos grandes de techo que quedaba en pie, cae. Directamente sobre su manos. La carne y el hueso ceden como si estuvieran aplastando pan. Se oye el fino y desesperado grito de su hija perderse en la profundidad. 

Lo que queda de su brazo se desprende y cae un par de metros a un saliente. El sonido se detiene, todo termino. Fallo, perdió todo. Uno por uno.

Mira hacia abajo del saliente y la Luna, clara como nunca, no llega a iluminar un final.
Rueda sobre su incompleto brazo que ya no tiene a quien abrazar.

Al llegar el final de la grieta, el golpe lo despierta. Transpira. Está agitado. Mira y son las 3:06 A.M. del miércoles. Desde el sábado sabe poco y nada de su novia a causa de una discusión.

Entiende que el futuro que tanto soñó se está desmoronando, que está a punto de perder todo antes de tenerlo y aunque el terror se apodera de sus pensamientos al recordar las pérdidas, su corazón late al ritmo de la respiración de esos niñitos que todavía no nacieron.

No se puede defender lo que no se tiene y en ese futuro no tendrá noches tranquilas por muchos años, también entiende que no le importa y que, no solo lo vale, sino que contraerá una deuda que le demandará una vida pagar.

Toma su teléfono y la llama. Se demora en atender, está dormida.
-¿Qué querés?- Responde una voz ronca.
-Decirte que te amo- Contesta.
Ella sonríe.