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martes, 3 de marzo de 2015

Julio A. Roca y el pueblo fertilizado.

Con el trabajo terminado
Roca picó para otro pago.
Con el trabajo de los chinos,
sus bolsillos había llenado.

Largo tranco llevaba
ya que el bochin no arrimaba.
Pero trabajo lo espera
en la actual triple frontera.

El lobizon alzado
es bicho de cuidado,
pero este caso era raro
ya que decían que era petaco.

Enanos hay muchos
pero raros eran los lobitos.
Mas no le importaba
mientras le diesen la tarasca.

Un aristócrata lo recibió,
llegado del viejo mundo
que días atrás percibió
la presencia de un ser inmundo.

En europa es el hombre lobo
el parecido es de cajón.
Y Roca era el mejor,
cazador de lobizon.

Cuando nuestro héroe preguntó
mala espina sintió.
Parecía cosa de roedor
y no maña de aullador.

Recorriendo el pueblo
muchas panzas cuna divisó.
"Cuanto hombre cumplidor"
pensó para su interior.

Charlando con fulano
y mateando con mengano,
encontró algo raro
las panzas estaban para verano.

Los locales no creían en el lobizon
mas si en un bicho petacon.
amante del tabaco y el licor
al que solo llamaban silbador.

Su nombre estaba prohibido
pero su andar era bien conocido.
Cuidaba los rebaños
a cambio de algunos regalos.

Sin lobizon no hay trabajo
por lo que Roca partió.
Aunque la curiosidad lo freno
y algo en el camino descubrió.

La preñez llegó en malón
junto con el lobizón.
Recordó entonces una leyenda
de un ser al que le cuelga.

Se dice que durante las siestas
se divierte dejando sorpresas
en aquellas mujeres ajenas
que abandonan sus tareas.

Siempre dudó de su existencia,
ya que su nombre algo escondía,
era casi una picardía,
pero como excusa persistía.

Rimaba con sodero
rimaba con bombero
rimaba con carnicero
su nombre era Pombero.

Realidad o coincidencia
los críos venian como hacienda.
Pero mientras a casa volvía
en el viento un silbido se oía.

Continuará...

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domingo, 16 de marzo de 2014

Julio A. Roca y el enano manos de felpudo

Teresa se aburría,
su pecho peludo no aparecía,
mientras que Roca en la maleza se perdía.
El seria quien el bochín arrimaría.



Bostezaba la blonda,
cuando la puerta tocaron.
Su lobisón se había retrasado
y sus deberes había resignado.



Desganada se levantó,
rezongando por el atraso.
Pero cuando abrió nada a su altura vio.
Un petiso con cinto de carne fue quien toco!



Su pecho no tenía ni un pelo,
pero sus manos parecían felpudos.
poco le importo a Teresa ese detalle,
cuando reconoció al petiso tripudo.



Roca vio abrirse la puerta de teresa,
aunque apenas se notó.
El cazador se apuró,
porque boleto para esa calesita no sacó.



Al llegar a la ventana se asomó.
No lo pudo creer cuando lo vio,
el petizo a Teresa le ganó
y la puerta volteó.



“Salite de encima bicho asqueroso!”
le gritó Argentino,
quien lo conocía de otro pago
a ese Kurupi superdotado.



El Kurupi pegó un salto
y en tres puntos quedo apoyado.
“Llegas tarde Julito”
al tiempo que lo apuntaba con su falo.



El General no tardo en desenvainar
y la lucha se entabló,
espadachín contra lancero.
En eso, Teresa habló.



“No se peleen muchachos,
tengo para los dos.”
Estupefactos los rivales quedaron.
La espada bajo y el pingo flaqueó.



Pero Roca nunca lo aceptó,
y en la distracción al petizo acogotó.
Un General no comparte la cena,
menos con alguien con mejor mesa.



El Kurupi no se sometió,
y usando su miembro lo lazó!
Ambos se asfixiaban
pero por Teresa no aflojaban.



Cansada del desorden,
la doña de casa los separó.
Un sartenaso a cada uno
y la pelea terminó.



Al rato Argentino despertó
y la mesa servida encontró.
“Tanto lio por una torta de chicharrón!”
mientras el Kurupi se daba un atrancón.



El atontado cazador entendió la situación,
Kurupi le ayudaba a escurrir el chicharrón.
“Pense que venias mañana!” protestó Teresa
mientras el petizo comía hasta la mesa.



La pena embargo a nuestro héroe
y casi sin mediar palabra se marchó.
No sin antes en una servilleta poner
un cacho de torta de chicharrón.



Se cuenta que el Lobisón no volvió.
Sin embargo Teresa no entristeció,
tenía a su amigo que cada siesta,
le amasaba el chicharrón.


sábado, 12 de octubre de 2013

Julio A. Roca: Cazador de Lobizones.

En el bosque de La Paternal, año 1865, en la copa de los árboles los cuervos rezongan rezongones. Sombras! Muchas sombras por todos lados.
El bosque de La Paternal, está plagado de chinos. Todas las sombras son chinescas.
Era más barato contratar chinos para hacer sombras, que plantar árboles. Crecen más rápido y precisan menos cuidados.
-Dicen que hay lobizones por todos lados, ¿Es verdad?- pregunta Roca.
-No -Responde un señor peludo con dientes manchados...
Seguiremos adelante,
usando estrofa
dejando de lado la prosa
esto nunca será una canción,
es solo la historia de un cazador
un cazador de lobizón.
Por todos lados
se escuchan pasos
puede que sean caballos.
Dos pasos adelante siguió,
en un Chino se apoyó
y los cordones se amarró.


Un Hacha le pasó rozando los cojones.
Los pendejos, ya no serán montones.
Ávido de respuestas gira su cabeza
y en la lejanía se ven dos ojos cereza.
Desenfunda furioso el sable
“si hay alguien allí que hable!”


Pero nadie contesto,
y Roca no insistió,
solo el viento se oyó
y cerca una sombra sintió
su piel se erizo
y de miedo, se cago!


Con bosta hasta los talones,
a la sombra se acercó,
y el hombre que dijo “NO”
lo advirtió de aquel peligro,
“tenga cuidado con la maleza”
mi esposa se llama Teresa.


Disculpe la sorpresa,
a la falta de rima,
le metimos destreza
y no fue pereza,
más bien presteza
y a falta de rima
decimos cereza.


Pero retomemos la historia,
que vinimos a contar,
las hazañas de Don Roca,
que acaban de empezar.
En aquel bosque sombrío,
sangre se iba a derramar.


Echándose para atrás,
se preparó para atacar,
Don Roca sin embargo,
empezaba a sospechar.
Aquel silencio escabroso,
escondía algo detrás.

El cazador dejó de sospechar
cuando en cuatro patas
el peludo decidió escapar
mala suerte tuvo éste,
un chino lo vino a frenar
y con la voz en alto empezó a gritar.


“A los míos no volvelas a meal!”
sentenció el oriental.
El apoyo no tardó en llegar
más “alboles” se vinieron a vengar
viendo que estaba de más,
Roca decidió marchar.


Un sable puede cortar,
pero has de recordar,
a un chino no debes molestar.
Ya no sabemos qué inventar
para esta historia cerrar
mejor déjennos pensar.


Roca volvió a la maleza
esperando encontrar a Teresa
la viuda estaría en el fortín
para que antes que amanezca,
un pecho peludo aparezca,
le pueda arrimar el bochín.




FIN

Escrito en conjunto con mi amigo Maxi, pueden visitar su blog: http://historiasreciclables.blogspot.com.ar/