jueves, 7 de julio de 2016

Lágrimas de Mandinga

Se cuenta que en Salta, antes de que la mano del hombre obligara a cuidar los cardones con alambrados y una ley, estas plantas crecían por doquier y la vegetación era mucho más verde que hoy. Cuando los primeros hombres descubrieron esas planicies llenas de arboles sin hoja en sus viajes de verano, se sorprendieron de uno, que no era más grande ni más chico, pero estaba solo, a su alrededor no crecía nada, ningún yuyo se aventuraba bajo su sombra. Los curiosos que se acercaron descubrieron que aquel cardón goteaba agua, sin necesidad de agujerearlo. Lo llamaron el llorón.
Poco duró la alegría por la fuente de agua cuando por las noches los asentamientos recibían la visita de mandinga, que sin necesidad de farol se llevaba a hombres, mujeres y niños. Las lágrimas del llorón pasaron a ser las lágrimas de mandinga y todos lo esquivaban.  Se tejieron mil y unas historias que explicaban como el circulo desierto a su alrededor era prueba de su maldad.

Un invierno de 1615, un explorador europeo cayó en la planicie donde mandinga sollozaba sin saberlo. Como venia mejor preparado y el clima ayudaba, se detuvo a ver el paisaje antes que a usarlo. Vio al llorón y por primera vez en cuatro generaciones, alguien pisó el halo estéril que lo rodeaba. EL académico notó que tenía unas pequeñas flores blancas, como calas, de las que caía un rocío. En realidad, ese cardón era único. EL explorador no bebió de él, pero hizo lo que nadie, tomó una muestra, lo corto, lo agujereó, lo mutiló y siguió su camino sin mirar atrás.
Al siguiente verano, las tribus que pasaban vieron como el bosque de cardón amainaba, parecía que el halo de muerte del llorón se había extendido y mataba todo a su paso, pero lo extraño es que ya no había lágrimas, sino un tronco seco.

Aquella planta que tanto maldijeron era el guardián y cuidador de esa pampa.

Hoy en día en ese lugar no hay nada, nada vive, la pacha mama fue expulsada por el azufre que reina y estrangula cualquier intento de vida. Los pobladores cuentan de que sus abuelos le contaron que antes de la llegada de los hombres lanzas que escupían fuego ahí existía un cardón cuyas raíces cubrían toda la zona como una telaraña y absorbían los ácidos que se formaban cuando llovía por lo que sus flores lloraban para aliviar su dolor. Era tan venenoso que no podía reproducirse, ya que quemaba a sus propias semillas y era tan viejo que no recordaba de donde venía.

Cuando el llorón murió, el azufre se esparció y eliminó toda vida de esa pampa. Se cree que contenía el veneno es su interior tanto como podía, como una cobra contiene el suyo, pero al cortarlo, el veneno se esparció demasiado y no pudo sobrevivir.

Fue un silencioso e incomprendido héroe, nunca pidió nada a cambio, aceptó estar solo para que los demás pudiesen vivir juntos. Era un ser frágil que dedicó su existencia a lo único para lo que fue útil, pero por ser especial, se lo consideró extraño, esa fue su desgracia.

lunes, 23 de mayo de 2016

Pequeña historia de pequeñas cosas.

Una buena tarde, creo, caminando por la calle Estrada algo le llamó la atención, una ausencia lo alertó. Miró hacia la izquierda y vió la panadería Del Pilar apagada, cerrada. Siguió camino sin darle mucha importancia.
Volviendo a casa por la misma calle pero por vereda opuesta pasó exactamente frente a la panadería, suficientemente cerca como para ver el cartel de CLAUSURA PREVENTIVA. Hace años que no compraba ahí, no tenía ni idea que tan rico o crudo sería lo que hacen, no conoce a nadie que trabaje ahí. Sin embargo le impactó bastante porque ese lugar, que abría normalmente 24hs, antaño sirvió de repostaje de criollitos en las trasnoches con un amigo que vivía cerca. La panadería no era especial para nada, pero hacía las veces de anclaje de muchísimos pequeños recuerdos, risas y demás estupideces de juventud, recuerdos que no sabía que tenía guardados.
Siguió caminando hacia su casa haciendo recuento de esos pequeños momentos comunes que acababa de recuperar. Pero, ya entrando a su edificio, apareció una preocupación: si esa panadería desaparecía, ¿cual sería el anclaje de esos recuerdos?.
Cenó con cierta incomodidad y luego se acostó.

Los sueños empiezan cuando nuestro día termina, y finalizan cuando vuelve a comenzar.

Desayunó pensando en ese sueño, y en lo que significaba. Le preocupaba porque no era la primera vez. En el pasado, el cierre de una rotisería le había quitado la referencia de miles de charlas con otro amigo. Hoy pasaba por la vereda y tenía que recordar dónde estaba Salsitas, para luego recordar las charlas, y con el tiempo recordaba menos, las más trascendentes, si, pero aquellas que se habían perdido también eran suyas.
Una ser humano está formada células, una persona está formada de momentos. Esos recuerdos nos enseñan a ser felices, a tener miedo, a ser cuidadosos o arriesgados. Pero así como un cuerpo necesita sus órganos, también necesita tener piel, pelos, uñas. Estas cosas que en apariencia serían prescindibles están por una razón y no suelen tener valor hasta que nos hacen falta.

A media mañana buscó una excusa muy mala y salió caminando. Las tres cuadras que caminó fueron raras, hasta que vió el resplandor de la panadería. Llegó en frente, la miró un poco y se volvió a casa. Sabía que no volvería a reírse con esos recuerdos por un buen tiempo, pero al mismo tiempo sabía que aún estaban ahí y seguirán estando.
Fue como enterrar un tesoro, no podría gastar ese oro, pero enterrado donde estaba nadie podía tocarlo y esa panadería seguiría siendo la llave del cofre.

sábado, 2 de abril de 2016

13 minutos

Un bocinazo lo alertó de su propia existencia. Según él, por primera vez era él. Por suerte la vereda estaba cerca así que no pasó de un susto que funcionó de chirlo post-parto.


En casos donde alguien se pierde, se desorienta a nivel psíquico, algún conocido lo ayuda a encaminarse, pero en Colón al 5000 nadie parecía percatarse de su existencia.
Cuando uno está, además de perdido, solo, intenta buscar alguna pista mental. Lamentablemente eso no era una opción, ya que literalmente no sabía nada, aunque recordaba muchas cosas su alrededor, era como leer una enciclopedia, información fría y sin ninguna relación con él.
Plan B: bolsillos. Un manojo de billetes, parecía ser cambio de la compra que llevaba en la mano izquierda. Arroz, pan y sobres de jugo.
Curiosamente no sintió la necesidad de verse en un espejo, sabe quien es, pero apenas se conoce de vista.
No sabe si va, viene, o espera. La única pista es que por alguna razón estaba tratando de cruzar la calle. Al pasear la vista ve que a unos metros sobre el asfalto hay un juego de llave justo frente a sí mismo, por lo que a falta de algo mejor que hacer, va a buscarlas. Este simple acto lo lleva a un descubrimiento, la primer noción sobre su persona: es un despistado total para cruzar la calle.
El chillido del taxi frenando lo alerta a tiempo y corre hacia adelante buscando el centro de la calle, sin recordar, o mejor dicho, sin estar consciente de la existencia del tabique que separa ambas manos de circulación. El tropiezo lo lanza frente a un flete, que como es tradición, no tiene frenos y viene a lo que puede.


Históricamente se cree que al momento de la muerte, nuestra vida pasa frente a nuestros ojos, en su caso sería fácil, pues él vivió 13 minutos. Pensándolo bien, pudo esperar un minuto más para buscar las llaves.
También se cree que cuando cumplimos nuestra tarea en la tierra, el creador nos llama para ir a su lado. ¿Era posible que fuera tan eficiente de cumplir su labor en 13 minutos? ¿su razón de existir fue solo demostrar que ese flete no tenía frenos?. Lo cierto es que vió la luz, más específicamente el farol de la camioneta que se acercaba hasta que todo se volvió oscuridad.


Un poderoso dolor de cabeza volvió a encender su conciencia, al tiempo que una tenue luz lo iluminaba desde arriba. La pantalla encendida del celular de su novia alcanzó a mostrar suficiente para que se diese cuenta que estaba en el piso de la pieza y que en su camino desde la cama había tirado todo arriba de la mesita luz, incluyendo la mesita de luz.


En esos 13 minutos oníricos, hasta el inevitable final, no pensó en la razón de su existencia, simplemente se buscó a sí mismo y por eso fue un sueño y pesadilla a la vez. La vida basa su belleza en que es efímera, y su horror en que es un misterio. Buscarle sentido es desperdiciarla, más vale usarla tanto que no quede tiempo para buscarle sentido. Tal vez es la única pregunta que no importa contestar.


Ella entre dormida le pregunta si está bien, él se toca el chichón y le dice que se preocupe por el velador.

martes, 2 de febrero de 2016

Las tres patas de la vida

*Si viene buscando chistes, le erró, pero ya que está peguele una leidita si no le molesta.

¿Cual es la razón de la vida? ¿Cual es el sentido de nuestro paso por este mundo? Ni idea. Seguramente usted, rotundo lector, tampoco lo sabe. Seguramente tampoco le importa realmente, más allá de que a veces lo piense un rato hasta que descubre que están dando Los Simpsons. Como todo en la vida, existe un dicho o una costumbre popular que sirve de parche para tapar esa duda. Eso si molesta el huequito en el pantalón, claro.


  • Tener un hijo
  • Escribir un libro
  • Plantar un árbol


Siempre pensé que era simplemente la planificación de alguien con poca imaginación y sin televisión o banda ancha para un fin de semana.


Para ser los requisitos mínimos para considerar tu vida realizada, son bastante egoístas. Y bajo esa premisa fue que encontré una conexión entre los tres ítems. El miedo a la soledad y a ser ignorados es indiscutible con el furor enfermizo de las redes sociales, pero no significa que sea cosa de ahora. Simplemente hoy vivimos con las manos en la masa y como sabemos que estamos todos iguales, no nos importa.


La razón de ser de ese tridente es el simple hecho de dejar cosas que nos recuerden en este mundo después de nuestra partida, abarcando diversos ámbitos o medios de difusión. Lo que se conoce como poner los huevos en distintas canastas. Las tres apuestas son dejar recuerdos en el corazón de las personas, en sus mentes y en la propia tierra que transitamos durante la vida. Solo esperemos que de alguna de las tres maneras seamos bien recordados, o al menos recordados como cada uno prefiera.


Tener un hijo deja huella en el corazón de esa persona, pero no solo de manera sentimental, sino literalmente en su corazón y su sangre. Es un poco dictatorial, ya que no permitimos que nuestra descendencia se libere de ese legado si así lo deseara, e imponemos que la única manera de eliminarlo sea renunciar a la descendencia de nuestros retoños. Pero gracias a nuestro deseo de trascender, están vivos, así que supongo que es un precio bajo a pagar.


Escribir un libro es la segunda apuesta. Si por alguna circunstancia no se puede dejar sangre, se dejan ideas. Se dejan pensamientos, historias, o textos como éste. Siendo fríos y calculadores también es un seguro ante la posibilidad que nuestros predecesores no quieran o no puedan continuar nuestro legado. Es una apuesta más elegante digamos, o más diplomática ya que no se condiciona la existencia de nadie, pero también es más complejo que funcione porque además de una necesidad de permanecer, hace falta una mínima habilidad al escribir, cosa que entreno en este momento, mi estimado y utilizado lector.


Por último está la posibilidad de trascender dejando otro ser vivo que no tenga relación genética con nosotros, plantar un arbol. Uno bien cuidado y estratégicamente plantado puede vivir siglos y dejar descendencia también legendaria, pero es muy complicado lograr ser identificado con ese tronco. El árbol podría incluso ser conmemorado por su longevidad, más nadie tener idea de que alguien lo plantó a propósito.


Resumiendo, son tres inversiones con distintos riesgos.


No cabe duda que criar un hijo que se convierta en adulto y pueda sobrevivir a la vorágine social es lo más difícil, pero también, salvo que seamos pésimos padres, nuestra trascendencia está casi asegurada.


En un punto intermedio, está el libro. Más simple que el anterior pero de dudosos resultados, ya que si cotejamos los escritores famosos medianamente universales con todos los que han escrito buscando un resultado decente, vemos lo riesgoso de esta inversión.


Plantar un árbol es como jugar la quiniela, no requiere mucha inversión, pero si queremos resultados y no tenemos una suerte sobrehumana, hace falta muchísimo esfuerzo.

Al día de hoy preparo mis apuestas, una junto a la mujer con quien quiero ser recordado, otra con unos cactus en el balcón y la restante con estas líneas que agradezco que se tomara el tiempo de leer.

sábado, 31 de octubre de 2015

El dilema del hipopótamo

Uno de los 10 consejos que conforman el decálogo del perfecto cuentista dicta lo siguiente:


III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.


Si a eso le sumamos las palabras de Borges:


Sólo existen cuatro historias.


Podría decir que estamos condenado a la repetición. Si sabré de repeticiones, ataviado lector.
Hace poco, viajando de vuelta a mi casa, despues de votar, me encuentro que el chofer tenía un dichoso DVD made in <inserte garage> comprado en alguna mantita o estación de servicio. Como el viaje partía en el infame horario de las 22hs uno aborda el micro mal comido o sin cenar, y es demasiado temprano para dormir pero como apagan las luces tampoco se puede leer. La única esperanza era la película de turno.


Apenas arrancó, los monitores rompieron la penumbra con estruendosos azules para dieron lugar a una película que me causó sospechas desde que vi la productora. Ésta buena gente se encarga siempre de películas de bajo presupuesto, de las cuales me declaro seguidor. Son producciones donde la mayor parte del presupuesto se gasta en el catering y movilidad, no por excentricidad, sino porque tampoco da para mucho más.


Ahora, el hecho y motor de estas líneas, es que seguido a ese, arrancó otro film, esta vez con mucho presupuesto, mucho chroma, un actor musculoso y caras conocidas. Lo que unía a ambas era el argumento. Si, eran el mismo guión plasmado con diferente cantidad de comas, a saber:
  • Papá vuela en helicóptero.
  • Alguien logra predecir terremotos.
  • Predicen el más grande de la historia.
  • Hija está en la ciudad donde afecta el terremoto.
  • Mamá y papá van a buscarla.


Salvando, claro, algunos cambios de trasfondo, ya que la hollywoodense buscaba un bombardeo de emociones e impacto visual mientras la otra tenía su punto alto en un hipopótamo en CGI superpuesto que topaba un auto que nunca se abollaba.


Como juez que me sentí, busque fieramente ambas producciones para ver quien le robó a quien. Se estrenaron con UNA semana de diferencia, al diablo mi toga y la balancita.
¿Está mal esto? ¿Es demonizable aquel que toma algo y lo recicla? ¿Es un ser digno de tortura quien busca éxito con un “remake”, “homenaje” o “versión personal”?. Ojo, no estoy minimizando a ninguna de las dos, pero el jurado popular parece gritar siempre:


“Lo que importa es que sea original”


Tenemos que ser cuidadosos, si bien ejemplifico con cine, no es por algo especial sino por hablar de algo que le sea conocido al grueso de los que lean. La precaución debe tomarse porque puede que la idea correcta puede ser tomada en primeras nupcias por la persona incorrecta. Lastimosamente sobran ejemplos que me contrarían, pero por suerte existe Avengers y el Hulk de Mark Ruffalo, que demuestra que a veces un par de divorcios aclaran la mente. Por otro lado tenemos producciones que parten de una premisa similar y luego se van cada cual a un trigal distinto, no me digan que no vieron una historia donde una persona pierde la memoria y todo transcurre mientras recupera su pasado. Algunos salen muy bien y tenemos “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” y otra veces, sale “Buscando a Nemo”.


No se a ustedes, pero las dos versiones de Terremoto en San Andreas me gustaron y fui feliz hasta que el colectivero corto la película. Y dejo de escribir para revisar si salió algo nuevo donde lleguen aliens y transmitan su mensaje a televisores terrestres sin importar si usan señal analógica, digital o si son PAL o NTCS. Después de ser de las pocas cosas interesantes en The Man of Steel, no pierdo la esperanza que la productora Asylum lo tenga en cuenta.

viernes, 30 de octubre de 2015

Gracias Denzel Washington

Estaba viendo una película, creo que la última, de Denzel Washington. Al ratito me doy cuenta que es igual a Hombre en Llamas. Cambiemos hija secuestrada por joven prostituta golpeada. Mismo actor, mismo papel, guión repasado.



Nos gusta ver versiones alternativas o universos paralelos, decimos que“están explotando el universo”. Si no pertenece a la misma franquicia, “son todas iguales, no se les cae una idea”. Somos una raza detestable.

Éstas películas, como los ex-presidentes, nadie los votó, pero cuando haces zapping como un mono que recién descubrió sus pulgares opuestos, entre Denzel Washington siendo un tipo implacable y solemne, y alguna película europea que se supone explora los confines del ser, y seguro que se ve una teta, dejas al negro pelado. ¿Porque? ¿Somos idiotas? ¿Adoramos perder tiempo? ¿Tenemos miedo a lo nuevo? Si, si y si, en ese orden.

Es tal la necesidad de aferrarnos a nuestra zona de confort que seguimos recurriendo a las mismas fórmulas. Einstein dijo: si querés resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Que vago que era. Una de las grandes mentes que caminaron por la Tierra nos dice que mientras no hagamos nada nuevo, todo va a estar bien. Nos aferramos a lo que nos hizo feliz de chicos, porque los chicos y los borrachos no mienten. Por eso el zapping se detiene en Stallone, Marilyn Monroe, Michael Landon o Lola Bunny.

No veo prueba más clara que el cine hoy, lleno de palabrillaje (palabras-maquillaje) como “remake” y “reboot”. No olvidemos, por favor, a los adorados superhéroes basados en comics de hace 50 años.
¿Porque creen que ahora se viene toda esta ola? Por la misma razón que usted, fugaz lector, lee estas líneas: CONECTIVIDAD. Antes los productores no sabían qué hacer para que la gente fuera al cine y pensaban guiones que engancharan. Ahora ya saben que los hombres amamos los superhéroes excéntricos y poderosos, y que las mujeres aman a los que tienen corazón blandito y trajes ajustados. Y ni hablar de un parque de atracciones que reabrió cambiando el “Park” por "World”. ¿Es un autorobo? Si. ¿Ya sabemos el 50% de la historia? Si. ¿Nos quejamos después de verla? Por supuesto, incluso vamos armando la queja desde que vemos el trailer seis mese antes. Resultado de esa fórmula recauchutada: récord de taquilla.

Aferrarse a estas cosas está perfecto, es mejor que andar con 50 años siguiendo grupos de música que podrían ser tus hijos, a los que obviamente jamás permitirías seguir esa carrera. Pero a no rezongar luego queriendo defender los Transformers de los 80’ ante las versiones con esteroides de hoy, porque el único culpable de que existan fue usted, señor nostálgico. Michael Bay y sus explosiones tan verosímiles como la de los Power Ranger solo fueron verdugos a la orden de quienes pedían a Optimus en un cine IMAX.

No cerremos la cabeza a las experiencias que nos ofrece ésta era. Si te gustará o no, no sé, el no ya lo tenés en el bolsillo. Para nuestros momentos de relax, siempre tenemos a Denzel Washington.

martes, 25 de agosto de 2015

Los 3 Neil Armstrong que conocí

Hoy, 25 de Agosto, es el aniversario de la muerte de Neil Armtrong. Muchos dicen que es un personaje histórico, otros lo elevan a héroe y muchos lo tildan de gran actor.
Personalmente viví tres etapas con esto del alunizaje. Primero el niño soñador que idolatraba a aquel que dejó su huella en la gran roca gris que acompaña a nuestro planeta azul en sus viajes por el cosmos. Luego llegó la etapa de adolescente rebelde y de libre pensamiento que sentenciaba que fue todo una conspiración y que había sido armado para escondernos cosas grandes que estaban pasando mientras las personas se embobaron con el programa de mayor audiencia. Convengamos que a esa edad, básicamente todo eran conspiraciones y demás teje y maneje. Por último, hasta ahora, en la maniobra osada de llamarme adulto, ya no me interesa si llegaron ese dia, antes o después. Prefiero pensar en lo que el alunizaje dejó antes de lo que el alunizaje fue. Todavía me suena romántica la idea de saltar con poca gravedad y anotar en las eternas arenas lunares el nombre de alguien especial. Pero si volvemos a nuestro conocido suelo y pensamos un poquito. ¿Qué pasaría si se verifica que nunca pasó? ¿Alguien gana? ¿Es más importante que una discusión de bar donde dos amigos apuestan por si la chica en la barra tiene algo escondido? Yo supongo que no. Sería un hecho anecdótico pero nada más.
Pero ya que estamos vayamos un poco más allá. Hagamos de cuenta que nunca sucedió, que el hecho icónico de 1969 fuese el primer Woddstock. ¿Nuestra vida sería mejor? Seríamos igual de estúpidos estimo. ¿Imaginan un mundo sin día del amigo?. Lo invito a usted, escéptico lector, a que bucee por internet y descubra el origen de la celebración.
¿Podemos decir entonces que los que niegan el alunizaje están en contra del día del amigo? Muchos alzaran su voz al grito de NO!. Y eso está bien.
Esta mañana cuando me desperté y leí las efemérides se me vino a la cabeza esta pequeña reflexión.El pasado puede ser ese trabajo que te ganaron por acomodo, también puede ser el nacimiento de un hijo.

¿Neil Armstrong, de apellido poderoso por cierto, fue el primer hombre en la Luna? ¿Estuvo en la Luna? No sé, pero cada 20 de Julio me junto con mi puñado de amigos y es suficiente para mí.