jueves, 23 de julio de 2015

Instantanea de "Elige tu Juego" de Juan Gimenez. Si con eso no se define la calidad de una trompada nada lo hará...


 Y uno tratando de escribir algo digno de leerse y de pronto aparece esto que sube la vara aún mas.


Crimenes Imperfectos - Alain Demouzou

domingo, 19 de julio de 2015

Guardianes de la Atlántida

Él estaba camiando en el monte buscando lo que le habían robado. No podía entender como pudo pasar pero el trabajo de su vida se había desvanecido mientras el dormía.

Habían pasado ya unos meses del hecho. El venía en un barco desde la polinesia y junto transportaba una caja que suponía tenía las respuestas que busco toda su vida: la ubicación de la Atlántida. Pero una noche durante el viaje, sin que nadie se diera cuenta, alguien se la llevó. No sabía como ni cuando ni quien pero sabia que tenia que recuperarlo.

Sin embargo sus búsquedas fueron infructuosas a pesar de que revisó todas las pistas e indicios que pudo. No había rastros tampoco en el mercado negro, simplemente desapareció. Se lamentaba no haber podido revisar siquiera el contenido ya que por miedo y precaución prefirió estudiar bien el contenedor en un lugar apropiado, después de todo esperó mucho por eso y supuso que podía esperar unos días mas. Grave error.

Al tiempo, ya resignado a la perdida, volvió sólo al lugar de donde había sacado la caja en búsqueda de algún dato que no hubiese visto antes. Y ahí estaba, en el último lugar que pensó buscar, y donde realmente jamás busco. La caja cerrada e intacta estaba ahí. Quien la llevo será un misterio. Pero él creyó entender la razón, era una segunda oportunidad de hacer lo correcto y que quizá no se la robaron sino que la recuperaron de él, que sí se la robo de su lugar de resguardo.

La Atlántida no estaba perdida, estaba escondida y no quería ser encontrada. ¿Porque? Otro misterio tan grande como la ciudad de la leyenda. Su legado es su mito. Quien devolvió la caja, sabia donde estuvo siempre y decidió resguardar todo como siempre estuvo y como no debió dejar de estarlo.

Como no tiene sentido buscar algo que no no quiere ser encontrado, dio media vuelta y se fué. Con él se llevó la ubicación y el secreto de ese lugar. Pensó en esconder en otro lado la caja, pero entendió que no tenía derecho.

Mató su propio sueño para no asesinar sus convicciones y las de los guardianes de la Atlántida.

Por la mañana despertó con una paz que no recordaba haber tenido nunca, sonrió y se levantó a desayunar.

domingo, 28 de junio de 2015

Siesta en el octágono

Él suele tener sueños raros. Una vez incluso el mundo se partió. Pero esta vez nadie muere, por lo menos nadie que reconozca.
La escena no es muy especial pero si te cuento que era la quinta vez que aparecía entonces cobra relevancia la cosa.
Una jaula de artes marciales mixtas. Dentro de la misma, dos personas más o menos similares. Estaba muy oscuro como para decir algo más que eso.
Realmente se golpeaban con todo lo que tenían, valía literalmente todo. Cada vez que lo soñaba la pelea duraba más. La tercera noche uno se dio la cabeza contra el alambrado y su ojo empezó a derramar algo que imaginó, sería sangre. En la cuarta, tras una mala caída y una buena llave, él descubre que un codo puede girar en nuevas direcciones.
Aunque cada noche el duelo duraba más, siempre era otra pelea. No era la continuación. Con el tiempo se empezó a preguntar qué pasaba con las peleas inconclusas. Después de todo era el único espectador. Luego de una semana empezó a notar que cada vez había un poco más de claridad y podía ver algunos detalles.
Uno de los contendientes tenía pantalones azules mientras el otro los tenía rojo.
Es muy raro ser consciente de lo que pasa en un sueño y más aún serlo repetidamente. Él decido aprovechar y disfrutar este espectáculo exclusivo, cortesía de su mente. De más no estaba relajarse y descansar a la vez, ya que andaba loco por encontrarle rumbo a su vida.
Empezó a prestar atención a los detalles de cada peleador para ver que bando elegir.
El de rojo era agresivo, pero un tanto inconsistente, parecía intuitivo y sin estrategia. En sus gruñidos se notaba lo extasiado que estaba y sus continuos ataques denotaban que desbordaba energía. Quería ganar pero a la vez disfrutaba la batalla.
El de azul era distinto, más pausado, pero más contundente. Se notaba el daño que hacía cada ataque. Sus ataques eran quirúrgicos. Parecía más profesional y preparado, a pesar de no mostrar mucho entusiasmo en la pelea. Era como una receta para la victoria y estaba cocinando su mejor plato.
De buenas a primeras, optó por apoyar al de rojo, era más vistoso, ambicioso. Alguien que tomaba lo que quería. Aunque, no estaba claro qué era lo que quería, ganar, pelear, dejar desmayado al oponente, hacerlo sufrir, no estaba claro. Era un show verlo, eso era indiscutible.
Fue entonces cuando el de azul pareció cobrar relevancia, estaba claro que quería ganar y tenía un plan para ello, una preparación. Aunque sus movimientos carecían de gracia a pesar de su eficacia. No había pasión en su mirada pero si había que apostar la casa, parecía mas prometedor.
Una buena noche, cuando ya se había hecho aficionado a ese deporte privado con técnicas que jamás vieron ni verán otras personas reales, sucedió algo extraño. El de rojo cae cerca de donde estaba él. Entonces sus ojos, uno morado, lo enfocan y le pide ayuda. A él, al soñador, al amo y señor de ese mundo onírico. Nunca había tenido ninguna interacción con el resto del sueño y de pronto los luchadores empezaron a comunicarse con él. Nunca hacia caso a eso hasta que la octava noche el de azul le gritó:
-¿Quieres que esto siga por siempre o no es suficiente para vos todavía?.-
-¿Que tengo que ver yo?.- respondió intuitivamente.
-Esta pelea estúpida me esta hartando ya. Ya deberías haberlo pensado no?.- replicó el cocinero del octágono.
-Realmente esto no está tan mal, pero incluso yo me estoy quedando sin motivación.- Habló el de rojo.
En este punto él no entendía qué estaba pasando y de pronto despertó. Estaba confuso y preocupado, pero no sabía bien porque. Así como tampoco recordaba porque estaba durmiendo en el sillón.
Se levantó, se estiró, sintió esa horrible sensación que muchos llaman hormigueo por la mitad de los músculos de su cuerpo, rezongó, fue al baño y se lavó la cara.
Al mirarse en el espejo, con la cara tatuada con los pliegues del sillón, entendió que tenía que decidir entre seguir encarando cada curva sin mirar y tentar a la suerte para llegar a la meta cuanto antes, o parar un poco, frenar en la banquina y observar la ruta, para tener un viaje con menos roturas, cuidando la máquina.
Esa noche, el boxeador de azul y él salieron a entrenar. La pelea había terminado.

martes, 16 de junio de 2015

3:06 A.M.



Él le contaba el final de una historia inventada a su hijita, tenía 3 añitos y era una de tantas noches que esperaba a que sus ojos se cerraban ya que solo ahí sentía que el Sol se ponía, que su día terminaba. A sus espaldas roncaba su otro retoño, más crecido, que se había dormido antes porque había llegado cansado después del jardín.

Con el deber cumplido se levanta, sale de la pieza, deja la puerta entreabierta, la luz del pasillo prendida y se dirige al baño antes de irse a dormir. En la cama lo esperaba durmiendo su esposa, la culpable junto con sus hijos de su sueño corto. Ya que cuando se casó se hizo una promesa a sí mismo: no quería arrepentirse de no admirar la serenidad de su gran amor durmiendo ni la ternura de su despertar. La promesa creció con cada nacimiento aunque a veces se lamentaba cuando debía salir más temprano que ella y no podía verla despertar. 

Camino al baño siente que se tambalea, piensa que es el sueño, el cansancio, se sujeta de una puerta. Pero siente una oscilación aún mayor. Al final del pasillo, ya en su habitación, desde la puerta se veía una cómoda y observó con estrépito como el soporte de los collares de su esposa se empieza a mover.
Evaluó la situación y pensó mejor ir a ver a sus hijos, porque no parecía un temblor fuerte. Al darse vuelta sintió un frío a sus espaldas y seguido a eso un estruendo. Volteó para ver como la cama con su compañera en la vida se hundía en la tierra partida. Corrió a socorrerla pero la tierra abrió un hueco que sabía que no podía saltar y al levantar la mirada del abismo, el techo de su habitación sellaba lo que parecía una tumba de concreto para su amada. 

Sus ojos parecían querer escapar, querer explotar, cualquier cosa hubiera sido mejor que ver eso.
Pero de pronto siente un golpe en el pecho, como un empujón que lo hace entrar en razón. Sus hijos.
En la habitación no parecía haber sucedido nada, pero igual grita ¡Benjamín! ¡Benjamín! buscando que su hijo se despierte mientras se apresura a cargar a Cloe. 

Los toma a ambos en brazos cuando siente que el pasillo empieza a desaparecer. La ventana está enrejada. La única salida se viene desmoronando en dirección a ellos, deja a sus retoños dentro del ropero y comienza a golpear y a hacer palanca con todo lo que encuentra para abrir un poco, al menos, las rejas.

Todo cruje, todo se empieza a retorcer, el piso se deforma, sus hijos lloran, gritan, tienen miedo. Él no puede hacer nada. La impotencia lo embarga cuando ve lo peor que podía pasar, si bien su miedo era el techo, ahora es la pared sobre la que se apoya el ropero. Cede y se precipita sobre su sangre, su descendencia. 

Alcanza a sacar a la pequeña Cloe mientras ve horrorizado como las maderas cubren a su hijo mayor, aquel al que le estaba enseñando a andar en bici para poder, poco después, subirlo a una motito. 

Se aleja contra la ventana pero el piso le juega una mala pasada y cae. Ahora en lugar de abrirse una grieta, lo único que queda es un cordón, de un lado, colgaba él, y del otro su hijita, a la que tenía tomada de la mano con tanta fuerza que temía lastimarla. Buscaba de dónde agarrarse para trepar, pero en ese instante uno de los últimos pedazos grandes de techo que quedaba en pie, cae. Directamente sobre su manos. La carne y el hueso ceden como si estuvieran aplastando pan. Se oye el fino y desesperado grito de su hija perderse en la profundidad. 

Lo que queda de su brazo se desprende y cae un par de metros a un saliente. El sonido se detiene, todo termino. Fallo, perdió todo. Uno por uno.

Mira hacia abajo del saliente y la Luna, clara como nunca, no llega a iluminar un final.
Rueda sobre su incompleto brazo que ya no tiene a quien abrazar.

Al llegar el final de la grieta, el golpe lo despierta. Transpira. Está agitado. Mira y son las 3:06 A.M. del miércoles. Desde el sábado sabe poco y nada de su novia a causa de una discusión.

Entiende que el futuro que tanto soñó se está desmoronando, que está a punto de perder todo antes de tenerlo y aunque el terror se apodera de sus pensamientos al recordar las pérdidas, su corazón late al ritmo de la respiración de esos niñitos que todavía no nacieron.

No se puede defender lo que no se tiene y en ese futuro no tendrá noches tranquilas por muchos años, también entiende que no le importa y que, no solo lo vale, sino que contraerá una deuda que le demandará una vida pagar.

Toma su teléfono y la llama. Se demora en atender, está dormida.
-¿Qué querés?- Responde una voz ronca.
-Decirte que te amo- Contesta.
Ella sonríe.

martes, 3 de marzo de 2015

Julio A. Roca y el pueblo fertilizado.

Con el trabajo terminado
Roca picó para otro pago.
Con el trabajo de los chinos,
sus bolsillos había llenado.

Largo tranco llevaba
ya que el bochin no arrimaba.
Pero trabajo lo espera
en la actual triple frontera.

El lobizon alzado
es bicho de cuidado,
pero este caso era raro
ya que decían que era petaco.

Enanos hay muchos
pero raros eran los lobitos.
Mas no le importaba
mientras le diesen la tarasca.

Un aristócrata lo recibió,
llegado del viejo mundo
que días atrás percibió
la presencia de un ser inmundo.

En europa es el hombre lobo
el parecido es de cajón.
Y Roca era el mejor,
cazador de lobizon.

Cuando nuestro héroe preguntó
mala espina sintió.
Parecía cosa de roedor
y no maña de aullador.

Recorriendo el pueblo
muchas panzas cuna divisó.
"Cuanto hombre cumplidor"
pensó para su interior.

Charlando con fulano
y mateando con mengano,
encontró algo raro
las panzas estaban para verano.

Los locales no creían en el lobizon
mas si en un bicho petacon.
amante del tabaco y el licor
al que solo llamaban silbador.

Su nombre estaba prohibido
pero su andar era bien conocido.
Cuidaba los rebaños
a cambio de algunos regalos.

Sin lobizon no hay trabajo
por lo que Roca partió.
Aunque la curiosidad lo freno
y algo en el camino descubrió.

La preñez llegó en malón
junto con el lobizón.
Recordó entonces una leyenda
de un ser al que le cuelga.

Se dice que durante las siestas
se divierte dejando sorpresas
en aquellas mujeres ajenas
que abandonan sus tareas.

Siempre dudó de su existencia,
ya que su nombre algo escondía,
era casi una picardía,
pero como excusa persistía.

Rimaba con sodero
rimaba con bombero
rimaba con carnicero
su nombre era Pombero.

Realidad o coincidencia
los críos venian como hacienda.
Pero mientras a casa volvía
en el viento un silbido se oía.

Continuará...

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lunes, 22 de septiembre de 2014

Sobre el mate definitivo

Una tarde estaba en la facultad, solo y aburrido, tomando un mate para pasar el extenso recreo que nos regalo un profesor ausente. 
En eso que, mientras papaba moscas, pasa un estudiante de intercambio.

- Que estas tu tomandou? - Me preguntó... pobre no se si sabia a que país venia.

- Estoy tomando un amargo, se llama mate. - Le contesté lo mas claro posible, ya que siempre dije que hablo cruzado como trote de perro

- Qué $/&%/?+{ dijiste sobre mi madreu? - esa respuesta me dijo que mi entonación no fue eficaz...


- No no no no, no me entendiste gil...

Y como no tenia mas nada que hacer me puse a contarle de que se trataba esta tradición del cono sur que se pasó por alto todas las fronteras.

En tantas tardes, uno en la vida conoce muchas personas, vive muchas experiencias, se equivoca y aprende, pero sin embargo, puede saber toda la formación de los chicago bulls del 95 (Michael jordan, punto)y haber creado un pokerap de 35 minutos con todos los pokemones actuales, pero nunca se va acordar de todos los mates que tomó.
Seguro se va acordar de ese mate que se parecia a pileta en invierno, fría y llena de palitos.
Ese, que de ser diabético hubiera sido fulminante, como batacaso en las bolas.
Aquel que le frunce la jeta hasta el mas macho, amargo como chinche verde entre las muelas.
Y aquel que es el mejor y peor de todos, el que separa de la niñez, el que te hace hombre e inmortal.
El mate de hombre.
Cada parte es importante
  • Agua
  • Yerba
  • Bombilla
  • Mate
- El agua es fundamental, porque es complicado juntar un litro de saliva. El mate ya no sería tan compartible y prácticamente intomable. El punto es que el agua determina que un mate sea una experiencia religiosa, que haría rezar hasta el Gauchito Gil. O que dudemos de las intenciones del cebador.


- La yerba es la planta alien que llego a bordo de la nave que se llevo a los dinosaurios y que le da el sabor al mate, es cosechada en todo gran bretaña y parte de Paraguay, pero que se consume principalmente en Argentina, Paraguay y Jamaica.


- La bombilla, inspiración de chistes fáciles si los hay, es ese tubo de metal o madera, con el cual uno puede succionar esa mágica conjunción  de la yerba y el agua.
La bombilla hace que el mate se pueda compartir, si no imaginesé: un puñado de yerba, un poco de agua caliente, y listo, “Nectar de los dioses”, no es tan sencillo. Sin embargo a veces puede ser nuestra mayor enemiga. Quien no se trago litereralmente toda la yerba en los primeros mates? o quien no estuvo al limite de un colapso pulmonar tratando de sacar una miserable gota?




- Por último (lo que le da contención a todo lo que describimos antes, lo que hace factible la conexión con el paladar. El mate. Los hay de metal, de madera, plastico, en patas de animales, los cuales no me imagino como mantenerlo limpio, y en base a tanto material como se tenga ganas de trabajar. Incluyendo los temporales como los que se suelen hacer con pomelos o naranjas. Solo en estos casos el mate aporta al gustito del brebaje, ya que su principal finalidad es que no tengamos que andar pasando un puñado de yerba mojada de mano en mano o ponerlo en una bolsa... sin embargo, existe casi una mitologia alrededor de los mates de madera. “Como curarlo” y si...existen tantas formas de curarlo como abuelas y viejos mentirosos...
Pero esa es otra historia...